Distintos medios de comunicación han publicado estos días atrás una fotografía de Mark Zuckerberg en su mesa de trabajo celebrando los 500 millones de usuarios mensuales de Instagram, pero en lo que los periódicos han puesto el acento es en el hecho de que Zuckerberg tiene cinta adhesiva pegada a la cámara de su ordenador, así como en el micro, para evitar que un pirata informático pueda acceder a su ordenador para tomarle fotos o grabarlo sin su conocimiento. A pesar de que pueda parecer una medida de precaución muy rudimentaria, los mismos medios han informado de que también el director del FBI, James Comey, ha admitido que cubre su webcam con cinta adhesiva.

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Foto subida por Mark Zuckerberg a Instagram, con el detalle ampliado de su ordenador. Fotografía publicada en europapress.es

En España, el experto en seguridad informática Chema Alonso –popularmente conocido como “el hacker más famoso de España”- lleva años poniendo su conocimiento a nuestro servicio para ayudarnos a utilizar de forma segura nuestros ordenadores, teléfonos y “tablets”. Entre otras cosas, ha explicado en más de una ocasión por qué conviene utilizar algún tipo de protección para las cámaras de ordenadores y teléfonos móviles (ver aquí,  aquíaquí o aquí)

Chema Alonso, que ha sido recientemente nombrado “Chief Data Officer (CDO)” de Telefónica para definir la estrategia global de seguridad de la información y ciberseguridad del grupo, insiste en una cuestión que me parece crucial: cómo educar a nuestros hijos para navegar por la red. Tal y como señalaba en una entrevista publicada en toyoutome.es en noviembre de 2014, “el mundo ha cambiado y la forma de relacionarnos también. El concepto de socializar en los más jóvenes ha llevado a una exposición impúdica en la Red. Mientras que es difícil ver a un niño joven solo en la calle, en Internet están solos mucho tiempo y se exponen sin mucho control. Es necesario que sus padres o tutores les acompañen ahí igual que lo han hecho anteriormente en el parque”.

Efectivamente, me parece que esa es la clave. No se trata de impedir o retrasar que los niños accedan a la tecnología –el debate sobre a qué edad debe tener un niño un móvil o una “tablet”-, pues creo que esa es una cuestión estéril, ya que  van a llegar a ella a una edad cada vez más temprana. Pienso que lo relevante es saber educarlos para hacer un buen uso de la tecnología, con los menores riesgos posibles para ellos. Deben entender que existen peligros intrínsecos a estos aparatos por el hecho de disponer de una cámara incorporada y conectarse a internet, que hay que tomar precauciones para evitar que otros puedan acceder al dispositivo y tomarles fotos sin que se enteren; que existen maneras de impedir que puedan localizar el lugar desde donde ellos están tomando una foto; que no deben hacerse “amigos” de personas que no conozcan por el simple hecho de recibir una solicitud de amistad, etc. Aquí dejo un enlace a varios videos de Chema Alonso explicando cuestiones fundamentales de seguridad informática, vale mucho la pena verlos.

Para quienes pertenecemos a otras generaciones, tanto internet como las redes sociales son instrumentos útiles. Para los niños que han nacido en los últimos 10 años y para los que nazcan en el futuro serán algo más que un “instrumento”, será un lugar absolutamente natural en el que estar, socializar, jugar y aprender. Será un espacio más de su vida, como lo es su casa, su escuela, el polideportivo o el parque. Y debemos acompañarlos a transitar por ese espacio hasta que sean adolescentes y, como en todos los demás lugares, comiencen a moverse solos.

Siguiendo con el ejemplo de Chema Alonso, los padres acompañan a sus hijos a jugar en el parque y eso significa que los vigilan, les explican cómo se juega, los educan en el respeto a otros niños, los animan a hacer nuevos amigos pero también les dicen qué cosas nos les gustan de éstos –si son maleducados, si no prestan los juguetes, si dicen palabrotas, si responden mal a los mayores, etc.- y les refuerzan las actitudes positivas. Además, les advierten de los riesgos: no te subas ahí, no cruces la calle sin mirar a los lados, no hables con desconocidos, no aceptes regalos de personas que no conozcas… Cuando el niño se hace adolescente comienza a salir solo con sus amigos y si ha recibido este tipo de educación durante la niñez le servirá para, al menos, saber qué riesgos existen. No podremos controlar que actúen como queremos pero al menos sabremos que conocen los riesgos, los límites que les hemos marcado de niños y las pautas que deben seguir. Si siguen o no nuestras enseñanzas ya será cosa suya, pero al menos nos hemos preocupado de que las conozcan. Sin embargo, ahora mismo no acompañamos a nuestros hijos mientras emplean dispositivos, navegan por internet o usan las redes sociales. Es imprescindible que tanto en las aulas como en las casas nos acostumbremos a educarlos también a desenvolverse en este entorno.

Los niños deben entender que la información personal que ellos publiquen en las redes sociales es fácil de ver por otras personas y eso significa que cualquiera sabrá su nombre, edad, dónde viven, a qué escuela van, quiénes son sus amigos. Es una información que ellos comparten de manera inocente pero es también una información delicada.

Es igualmente relevante que desde niños sean conscientes de la importancia que tiene la intimidad, algo que está perdiendo valor a pasos agigantados. Subir fotos de nuestra vida permite que otros puedan saber quiénes son nuestros amigos, si tenemos alguna relación, cuáles son nuestras aficiones, qué tipo ropa nos ponemos, dónde nos gusta ir a pasarlo bien, si estamos de vacaciones o seguimos en nuestra casa, si tenemos otra casa fuera de la ciudad para los fines de semana, etc. Los adultos somos más conscientes de los riesgos de sobreexponer públicamente nuestra vida –aunque a veces me sorprendo de las cosas que publican personas de mi generación- pero los niños necesitan que se lo expliquemos, que les fijemos límites, que les eduquemos en qué se puede compartir y en qué no, qué hay que compartir solo con ciertos amigos y qué pueden publicar para todo el mundo, que les enseñemos qué herramientas conviene utilizar para que al publicar determinada información no dejen rastro de otra información más sensible, como el lugar desde el que están subiendo esa publicación. Si hacemos que desde niños entiendan bien la importancia de la intimidad correrán menos riesgos cuando sean mayores.

Es sabido que muchas empresas entran en las redes sociales para conocer algo más de las personas a las que están entrevistando para un puesto de trabajo. Si sus opiniones, sus fotos y otro tipo de datos están abiertos al público pueden estar compartiendo mucha información que quizá no querrían dar a conocer en un proceso de selección, desde su ideología política a sus creencias religiosas, pasando por su orientación sexual o sus aficiones. De la misma forma, ya sabemos que no es casualidad que al visitar determinadas páginas de internet o entrar en nuestras redes sociales nos encontremos con publicidad relacionada con nuestras aficiones o con cuestiones que nos interesan. Si a los niños se les da una educación adecuada para moverse en este entorno, cuando sean adultos emplearán internet y las redes sociales de forma mucho más responsable a como lo hacemos hoy nosotros.

Hoy ya vivimos en una sociedad altamente interconectada: compramos online, hacemos movimientos bancarios desde nuestros dispositivos móviles y vivimos constantemente conectados a nuestros grupos de amigos y familiares vía aplicaciones de mensajería móvil. Transmitimos mucha información a través de la red y la mayor parte de las veces lo hacemos sin las medidas de seguridad básicas y esto irá a más: en pocos años viviremos permanentemente conectados.

Quizá se normalicen dispositivos como las “gafas inteligentes” que permitan que al mirar a una persona se pueda hacer un reconocimiento facial y acceder a la información de alguna red social donde tenga datos abiertos al público. Si no ha tomado ciertas precauciones podremos saber de manera inmediata cómo se llama, dónde vive o dónde trabaja. Las consultas médicas se harán online sin necesidad de desplazarnos a una consulta física, lo que significa que la información que intercambiemos con el médico navegará por la red con posibilidad de ser conocida y utilizada por algún pirata informático. Nuestros dispositivos, incluso nuestra ropa, podrán hacer cada vez más cosas en internet de manera más rápida y sencilla, pero tenemos que saber si lo harán también de forma segura o no y poner los medios adecuados para prevenir que la información más íntima o sensible pueda estar al alcance de cualquiera.

En unos años tendremos mucha más información personal circulando por la red o almacenada en “la nube”. Conviene que conozcamos bien la manera de protegerla y que ayudemos a nuestros hijos a comprender desde niños la importancia de hacerlo.

 

Escrito por Carlos Martinez Jaen

Sujeto de derechos, obligaciones y prejuicios, pero intentando dejar estos últimos. El futuro viene a gran velocidad y trae grandes sorpresas, no le tengamos miedo pero estemos preparados. Va a ser apasionante.

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