Retomo este blog abandonado desde hace tiempo –y con la esperanza de que me sirva para aplicarme más a él- para denunciar un hecho que sucedió hace unos días y que me parece muy grave por lo que supone para la ciencia y su relación con las instituciones, y por contribuir a agravar aún más la enfermedad de un periodismo en horas muy bajas.

El pasado 5 de diciembre, el periódico digital eldiario.es publicaba la siguiente noticia (aquí) con el titular “La eurodiputada Teresa Giménez (exUPyD) organiza un acto en la Eurocámara que cuestiona la dimensión de la violencia machista”. El contenido de la noticia se limita a dar cuenta de una serie de tuits que Teresa Giménez Barbat publicaba en su cuenta de Twitter citando frases de los distintos ponentes que intervinieron en la jornada. De dichos tuits, Andrés Gil -que así se llama el periodista que firma la noticia-  infiere que en ese acto se estaba cuestionando la importancia de la violencia machista contra las mujeres y, para apoyar su visión, nos explica que Giménez Barbat ya ha denunciado en otras ocasiones “la supuesta marginación de los hombres en la violencia en la pareja”.

Dado que el periodista no hace mención en ningún momento a cómo transcurrió el acto ni a citar directamente las palabras de los ponentes, cabe deducir que no asistió y, si lo hizo, lo omite en su reportaje. Por tanto, la conclusión a que en el acto se cuestionaba “la dimensión de la violencia machista” se extrae por Andrés Gil única y exclusivamente de la lectura que hace de una serie de tuits. Resulta llamativo que, a pesar de haberle llamado la atención el contenido de éstos, tanto Teresa Giménez como Marta Iglesias –una de las ponentes- han mencionado en sus cuentas de Twitter que ni él ni ningún otro periodista ha contactado con ellas para contrastar la información o pedir algún tipo de aclaración. En definitiva, el cronista ni asistió al acto ni contrastó la información que leyó en tuits.

Fotografía acto
Fotografía del acto organizado por Giménez Barbat y subida por ella misma a su cuenta de Twitter

Las consecuencias de la noticia publicada y su difusión en redes no se hicieron esperar. De ella se hizo eco el Santo Oficio tuitero a través de los correspondientes trolls, que se dedicaron a difundirla aún más, a insultar a Teresa Giménez Barbat y a cuestionar el trabajo de Marta Iglesias sin aportar datos en contra de sus estudios. Incluso, una cuenta en Twitter de la Secretaría de Igualdad del PSOE de Madrid retuiteó la noticia criticando el acto y la “posición” de la eurodiputada respecto a la violencia machista (desconozco si se hizo lo mismo desde las cuentas de otros partidos políticos).

No conozco a Teresa Giménez Barbat, pero me parece absolutamente loable y necesaria su labor por acercar la voz de los expertos al Parlamento Europeo para hablar de distintas cuestiones sobre las que los parlamentarios deben luego debatir y legislar. Que la ciencia irrumpa en las instituciones es imprescindible para evitar que las normas que nos rigen se redacten basándose en meros prejuicios o para satisfacer las reivindicaciones “de la calle”, bienintencionadas en muchos casos pero no necesariamente acertadas en sus peticiones.

No conozco tampoco a Marta Iglesias pero soy seguidor suyo en Twitter (@migulios) y leo las publicaciones que sube a esa red. Lo hago por mera curiosidad, pues su campo de estudio está muy alejado de mi formación y de mi dedicación profesional. Alguien a quien sigo retuiteó hará algo más de seis meses alguna publicación suya. La leí y me pareció suficientemente interesante -y distinta a lo leído habitualmente en esa materia- como para empezar a seguirla y, debo añadir, se ha convertido en una de las cuentas más sugestivas de las que leo en esa red. Marta Iglesias me parece una investigadora rigurosa y resulta que uno de sus objetivos es ayudar a mejorar las políticas relacionadas con la violencia sobre la mujer indagando en sus causas y huyendo de simplificaciones, como las que explican todo como una consecuencia de la cultura del heteropatriarcado.

Aunque no quisiera o no pudiera contactar con ella, el corresponsal de eldiario.es tenía la oportunidad de acceder a los tuits de Marta Iglesias, leer sus publicaciones y contrastar la información con las fuentes que cita en ellas.

Si Andrés Gil hubiera hecho bien su trabajo podría haberse dado cuenta de que hablar en un acto acerca de la violencia sobre los hombres no excluye ni cuestiona que exista violencia sobre las mujeres; de que exponer que existe violencia de mujeres contra mujeres no resta importancia a la violencia de hombres contra mujeres; y que exponer que el origen de la violencia no es exclusivamente la cultura del heteropatriarcado no perjudica a las mujeres, sino que las ayuda, puesto que abre la puerta a que se debatan otro tipo de medidas para combatir esa violencia.

De hecho, si una vez contrastada y analizada la información, el periodista hubiera querido criticarla podría haber aportado datos y argumentos procedentes de otras publicaciones científicas que apoyaran su opinión sobre las conclusiones del acto, o haber entrevistado a especialistas que dieran otro punto de vista. Con ello habría realizado una gran labor periodística y enriquecido el debate sobre la materia en cuestión.

Sin embargo, para Andrés Gil  –y para el periódico que le publica la noticia sin cuestionar su contenido ni exigirle que contraste la información- era mucho más fácil escribir la crónica de que una eurodiputada (liberal, exUPyD y cercana a Ciudadanos) había organizado un acto en que se ponía en cuestión la importancia de la violencia machista.

Sucesos como éstos pueden tener una consecuencia muy grave: que los científicos y expertos en general acaben por no aceptar invitaciones de partidos políticos para debatir sobre las materias que estudian. ¿Para qué verse enfangados en la lucha política cuando ellos “solo” quieren ayudar a mejorar el conocimiento sobre los problemas y proponer soluciones? ¿Les vale la pena ser perseguidos en las redes sociales porque haya periodistas o políticos que no tienen el mayor interés en profundizar en ese conocimiento y solo quieren sacar rédito aprovechando que se pone en cuestión la “voz de la calle”?

Hace unas semanas, el propio periódico eldiario.es publicaba la noticia (aquí) de que habrá una Oficina Científica en el Congreso de los Diputados para ayudar a los políticos “a tomar decisiones basadas en evidencias”. ¿Va a servir de algo? ¿Algún científico va a querer trabajar en ella cuando vea que son juzgados como Galileo por los prejuicios de ciertos políticos y periodistas que no conciben una realidad distinta a la que tienen en sus obtusas e inquisitoriales mentes?

Como es sabido, Galileo fue juzgado en 1633 por la inquisición romana por promulgar, basándose en  datos empíricos, el heliocentrismo copernicano que desafiaba la doctrina de la Iglesia según la cual la Tierra era el centro del universo y todo giraba a su alrededor. En aquel tiempo, el método científico no gozaba aún del prestigio al que lo elevaría la Ilustración y la Iglesia entendía como un desafío que alguien utilizara la ciencia para propagar ideas contrarias a las que ella, única mensajera de la Verdad, promulgaba. La sentencia contra Galileo decretó que había incurrido en errores y herejías “al haber creído y mantenido la doctrina (que es falsa y contraria a las Sagradas y Divinas Escrituras) de que el Sol es el centro del mundo, y de que no se mueve de este a oeste, y de que la Tierra se mueve y no es el centro del mundo”, tras lo cual se le instaba a abjurar de tales ideas y se prohibía su libro “Diálogo sobre los sistemas máximos”. Estoy bastante convencido de que en eldiario.es son bastante críticos con este proceso a Galileo, y con toda la razón, pero deberían recapacitar sobre si ellos actúan de forma similar al tribunal inquisidor en otros casos. Además, en favor de los cardenales que condenaron a Galileo hay que decir que, al contrario que Andrés Gil en relación al acto organizado por Teresa Giménez, ellos conocían perfectamente las tesis sostenidas por el científico y habían leído sus obras.

Galileo ante el Santo Oficio

Galileo ante el Santo Oficio. Cuadro de Robert-Fleury

Por desgracia, este no es ni mucho menos el único caso de periodismo que tergiversa u omite parte de los hechos para adecuar la noticia a su ideario, ni el único caso donde el periodista se queda con una versión sin contrastarla debidamente. Hoy en día, son muchos los diarios que quieren erigirse como los nuevos mensajeros de la Verdad obviando los datos que la contradicen.

Se dice que el periodismo cumple una función social que es la de proporcionar al ciudadano las herramientas necesarias para interpretar el mundo que le rodea, pero ello exige que se haga con la debida profesionalidad y honestidad, dejando a un lado los prejuicios y evitando los sesgos ideológicos. Un buen periodismo mejora el debate público y refuerza la democracia. Un mal periodismo la debilita.

Por cierto, la página con la noticia sobre el acto organizado por Giménez Barbat acaba con un banner publicitario para hacerse socio de eldiario.es en el que puede leerse el siguiente eslogan: “Necesitamos un mejor periodismo contra la violencia machista”. Parece una broma.

 

Escrito por Carlos Martinez Jaen

Sujeto de derechos, obligaciones y prejuicios, pero intentando dejar estos últimos. El futuro viene a gran velocidad y trae grandes sorpresas, no le tengamos miedo pero estemos preparados. Va a ser apasionante.

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